Hasta siempre, Rafael de Cózar


        Este mediodía, poco antes de comer, para matar el rato he entrado en Facebook y se me  ha helado la sangre, a bote pronto, como si de un dardo envenenado se tratara, me ha dejado atónita la muerte de Fito Cózar, como le decíamos entre amigos. Si bien sabemos que la muerte es cierta para todos y nos aguarda, agazapada detrás de cualquier esquina, nunca la esperamos; pero hay personas que transmiten vida y alegría, y Rafael las transmitía, con su sonrisa que acababa en pronta carcajada, generalmente, su mirada viva, su ingenio, su acogida cariñosa, su sarcasmo, su guasa, parecía invulnerable, parecía que tardaría siglos en llegarle.

 Su buen hacer literario, su diversificación como artista, su talante conciliador, su plenitud, su personalísimo estilo en el arreglo, que en él era lo natural, su saber estar y su  empatía, han hecho que fuera una persona querida para mucha gente, y que hoy esa gente estemos algo más solos.

 La última vez que nos vimos allá en Ronda, en un congreso del Centro Andaluz de las Letras, desayunábamos juntos, copiosamente y ya empezaba bien el día.

De mi misma quinta, crecimos bajo el fantasma del franquismo, luchamos sin conocernos por la libertad y nos encontramos en una reunión en Cádiz de una ACE- Andalucía, pequeña, que él presidía sin pose, sin engreimientos, como era entonces, allí conocí amigos entrañables como Paco Vélez, amigos sinceros sin atisbo de presunción, como un jovencísimo Alejandro Luque, o un Francisco Peralto, enamorado del olor a tinta, como me confesó después, a Manuel Villar, tan solidario, a José García Pérez, era 1997 y mayo, ya éramos algo compacto, qué buena es la sencillez.

El doctor, el sabio, el escritor, el amigo, el artista, que ha dejado consternados a vecinos de Bormujos, a sevillanos, a escritores, lectores, compañeros, a tantas y tantas personas, nos dejaba de una forma que no le pegaba, solo, sin nadie que pudiera tenderle o asirle una mano,  susurrarle una palabra, mirarlo, en su casa, entre sus libros, sus cuadros y sus cosas; porque caprichosamente una estufa ha explosionado y lo ha dejado sin aire, en un adormecimiento abotargado, a él, un hombre tan vivaz, tan lleno de proyectos, que ha dejado una gran obra tras sí; pero que podía haber hecho, aún, mucho y disfrutado más.

 Rafael, compañero, qué bueno que se te recuerde, siempre,  camarada, positivo, sonriente, es cierto que tu memoria nos deja harto consuelo, que diría Jorge Manrique, y que vas a ser, eso sí "recuerdo  en la alegría", aunque también serás ausencia en los encuentros, referente en nuestra vida, vacío en nuestras agendas y  evocaciones. Tú que eras alegre como la luz mediterránea, cálido como la lenta llama del hogar, te has ido envuelto en su veneno, tan pronto, tan feliz, tan vivo . Larga paz, amigo, larga paz maestro, larga paz, Rafael de Cózar

                                                                                                                          Pura López

 

 

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