ES OTOÑO

                                                    

          Hace tiempo, desde que llevo vida de enferma, que revuelvo los meses, además el calor húmedo te embota, te hace que te sientas sudorosa, igual piensas en mayo que en septiembre, una sucesión de días muy parecidos, tanto que la diferencia la marca la venida o no de la asistenta el fin de semana.

Desde que tuve que renunciar a mi vida normal y luminosa del verano, los días fueron haciéndose homogéneos, casi que planos, hasta que hace poco más de un año se marchó mi madre y dejó un vacío, una falta de moverse rápido, de agrandar el tiempo, de sentirla frente a ti como una niña ella y una madre tú, que te vacían de razones.
 Sin embargo el día 1 de octubre que ya está más que entrada la estación, creí que era más temprano porque el día estaba brumoso. La luz no filtraba hiriente por las rendijas de las ventanas y hacía fresquito.
 Anda, si es que estamos en otoño, una estación, que cuando yo tenía motivos para enmarcar las temporadas me ilusionaba mucho, comenzaban el estudio o el trabajo, la vida activa, vamos, hacías el reencuentro con la cotidianidad elegida y volvías a tus entretenimientos de siempre, a tus amigos de diario no de temporada, que vienen y van y esos pocos días los aprovechas a lo loco.
 Regresas a las tardes cortas, a los días lluviosos, a una luz algo amarillenta, en fin a esos recuerdos que te renuevan siendo siempre iguales;porque están anclados en tu pasado más lejano de: Tardes de cromos, castañas comidas al amor del brasero, hojas caídas y árboles pelados, vientos que retozan entre las torres conventuales.
 Comienzo o continuación de trabajos o proyectos, tertulias y cafés con tus gentes de siempre. Gruesos racimos de uvas turgentes y lujuriosas, de múltiples clases: De barco, castizas, moscatel, de cuerno, malvasía,barbadillo...en los mercados.
 La vida cultural toma fuerza y aparecen los festivales de cine, los estrenos de ópera, musicales, teatro, presentaciones de libros, exposiciones...
 y un buen día ves brillantes los paraguas tras tus cristales y corres a buscar el tuyo y poco a poco te entra como una fiebre por arreglar cajones y sacar rebecas , jerseys...
 Y pasas más horas en casa, pensando en que hay muchas horas para esas horas que aún quedan para que llegue la estación de la luz y te expandas en vida y gozo, al igual que ahora te recoges y creces interiormente con tu diálogo en semi soledad.

                                                                                                     Pura López

                            

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