MEDICINA DE MERCADO

    Hasta hace unas décadas no mucho más de cuatro, aunque de todo hubiera en la viña del Señor, el médico, en general, lo era para curar, para aliviar o paliar el dolor de los enfermos, su sufrimiento y él de sus familias, esa era la respuesta que daban a la voz que un día los llamó a ejercer una de las profesiones más humanas y más necesarias tanto para el individuo como para la colectividad.

 Eran personas empáticas, sencillas, próximas, cuya sola presencia hacía sentir alivio al paciente, acudían a tu casa, se sentaban en la cama, conversaban sin prisa, preguntaban por síntomas y por cosas intrascendentes, sabían tu historia, sin ordenador, a base de conversaciones conocían tus pesares, tus alegrías, tus predilecciones y tus debilidades...con un instrumental que hoy es de museo te auscultaban, metían la nariz en tu boca para oler tu aliento, no estaban tan limitados como ahora aunque fueran especialistas y lo mismo veían al abuelo que al nieto, eran auténticos médicos de familia porque iban pasando de generación en generación, porque eran de la familia y como próximos acudían a cualquier hora, del día o de la noche, igual en lunes que en domingo.

 Mientras escribo no puedo menos que acorarme de D. Manuel Ros, mi pediatra, que a su vez salvó la vida a mi padre a quien una rara avis entonces, un encumbrado médico del franquismo, Cristóbal López Rodríguez, abandonó a su suerte porque tenía el tiempo ocupado en recibir inciensos, y D. Manuel Ros, sin cobrar porque mis abuelos no tenían dinero lo curó, seguía viniendo a verme, jugaba conmigo, me hablaba de juguetes, también me acude a la memoria D. Paco Pérez Rodríguez, fuerte como un roble pero con un corazón grande y tierno como un pan candeal, D. Paco tampoco sabía de horas ni de dinero, es más, cuando visitaba a un enfermo necesitado, delicadamente, dejaba dinero entre las ropas de la cama, facilitaba que te hicieran análisis, que te viera otro facultativo, sin cobrarte, también recuerdo a su hijo, cómo no, Paco Pérez Company, tan cariñoso, también sin horario y sin mirar las tarifas.

  A D. Luís López Gay, pediatra por antonomasia en Almería, que tampoco tuvo horarios, que volvía a la casa sin que lo llamaras si el veía que el crío no estaba como el pensaba que tendría que entrar, siempre riendo, haciendo bromas; pero acompañando en el dolor y en la incertidumbre.

 Y así tantos y tantos, sin tanto número, sin tanto personal para cobrarte o preguntarte donde vives y cuatro cosas más.

 Sin tanto avance técnico ni tanta parafernalia te atendían a tiempo real, te conocían como a la palma de su mano y sí, así se ganaban la vida, pero no hacían de su profesión un mercado, no trabajaban para enriquecerse, que es lo que parece ocurrirle de un tiempo a esta parte a una inmensa mayoría, que desde que te dan el número hasta que te ven te has podido curar, te has podido morir...

 Y cuando logras que al fin te vean suelen tener mucha prisa, no te pueden dedicar más de unos pocos minutos y no puedes terminar de preguntarle y entonces te sientes desamparada, desprotegida. Además, están tan especializados que si te ven la rodilla izquierda, tienes que ir a otro traumatólogo a que te vea la rodilla derecha, que es su especialidad.

 Una alegría, por no decir como te queda el bolsillo si es libre.

 La verdad que de esto ahora tengo datos, pues mi madre es anciana y por lo tanto hay algunos que piensan que para que análisis de colesterol, una psiquiatra dice que ante pequeñas crisis de ansiedad que sufría ella ya no puede hacer nada por la edad...una alegría.

 Yo hace poco más de dos años cometí la torpeza de padecer un cáncer de mama, bien pues si al revisarme, la analítica, como es el caso sólo la entiende el oncólogo, los demás especialistas no, va y sale con cifras preocupantes.

 Así las cosas, como ellos si tienen un problema sanitario no tienen que guardar listas de espera y si lo tienen de otra cosa el mundo se les suele rendir a sus pies ya que el médico juega con nuestra salud y nuestra vida, pues que dios te ampare.

 Entonces buscas al único oncólogo que me puede ver; porque su clínica ventila toda la oncología no de seguridad social de Almería, y sólo puedes hablar con un contestador que no sabes cuando te va a contestar.

 Entonces estos profesionales actuales, que no se desplazan a un domicilio, que por unos minutos de consulta te cobran lo que ganas en un día o más en tu trabajo, que te ve de aquellas maneras corre que te corre porque tienen mucho trabajo...¿Cumplen con el juramento Hipocrático o hacen de esta profesión que por naturaleza ha de ser filantrópica un negocio para enriquecerse? 

A los que así actúan, que no son médicos sino mercaderes, todo mi desprecio y seré feliz el día que se vean solos presos y con problemas en su jaula de oro.

                                          Pura López                             

 

 

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